Bocanadas, vómitos y reflujo ácido, ¿cómo distinguirlos?

Canal: Pediatría


El reflujo ácido debe tratarse para evitar que el niño desarrolle una mala relación con la comida; en cambio, las bocanadas no producen molestias

Siempre debe buscarse la causa de los vómitos, mientras que el reflujo ácido es un problema frecuente del lactante

Cuando los bebés lactantes expulsan leche por la boca, no siempre se trata de vómitos. Así lo indica el  Dr. Jesús Garrido (Mi Pediatra Online) en el vídeo, quien puntualiza que es importante diferenciar entre bocanadas, reflujo ácido vómitos.

Bocanadas

Casi el 90 % de los niños echan bocanadas, una circunstancia que se hace más frecuente a menudo que el niño crece. Se producen debido a que el cierre del estómago en su parte superior todavía no funciona bien, de modo que parte de la leche que ingiere el bebé rebosa.

Su frecuencia aumenta progresivamente hasta los 3-5 meses de edad, cuando el bebé comienza a comer más alimentos sólidos y, por lo tanto, es capaz de retenerlos con mayor facilidad.

La “buena noticia” de las bocanadas es que no producen molestias. Además, si el niño gana peso, será indicativo de que no existe pérdida de nutrientes. En consecuencia, los padres no deberán preocuparse por la cantidad ni la frecuencia de expulsión de la leche.

Vómitos

Un vómito es la expulsión de alimento que produce irritación en el estómago, después de experimentar náuseas o contracciones. Como respuesta, al niño le baja la tensión, se le pone la cara pálida, las ojeras marcadas y produce sudor.

Para distinguirlos de las bocanadas, se debe prestar atención al gesto de la cara del bebé. “Si echa poca cantidad, pero se le cambia la cara, es un vómito pequeño; si echa mucha cantidad, pero no se le cambia la cara, es una bocanada grande”, explica el Dr. Garrido.

Es probable que, tras sufrir vómitos, el niño no quiera comer, porque sentirá su estómago irritado. Siempre hay que buscar la causa de los vómitos porque indican que podría existir alguna alergia o intolerancia alimenticia, entre otras posibles causas.

Reflujo ácido

El ácido es necesario para digerir las proteínas y, por eso, la producción aumenta durante las primeras semanas de vida del bebé. Cuando la leche que expulsa el niño sale cortada (no está líquida) y huele agria, es indicativo de que se está produciendo ácido.

Una producción excesiva de este ácido provoca ardores en el niño, que manifiesta sus molestias interrumpiendo la toma para arquearse hacia atrás. Este gesto es una respuesta al dolor y un mecanismo para reducir la presión sobre el estómago y, con ello, el reflujo ácido.

Este problema es relativamente frecuente. “Muchas personas dicen que no es necesario tratarlo mientras el niño gane peso; sin embargo, su relación con la comida puede resentirse si cada que vez que come tiene esas molestias”, advierte el Dr. Garrido.

Por tanto, ¿cuándo se debe tratar el reflujo ácido en lactantes?

  • Siempre que empeora la calidad de vida del niño,
  • Interfiere con las tomas,
  • Impide el descanso del niño.

Además, “los niños reaccionan muy bien a los antiácidos y, en cuestión de 3-4 días, la situación se revierte”, indica el pediatra.

Descubre más artículos sobre Alimentación infantil en el canal Pediatría.

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